Dissabte, 19 de setembre de 2020

En bus vas, en bici vengo

 

En bus vas, en bici vengo

Tenía ya más de cuarenta años cuando se vio reflejado en el espejo y no se reconoció. Una panza enorme, bolsas en los ojos, alopecia inminente, color de piel blanco oficina... Pensó que debía hacer algo con el resto de su vida. Así que le quitó el polvo a su vieja bicicleta y decidió con un par de... ruedas ir cada día en bici a trabajar. El primer día llovió y cogió el coche. El segundo día se durmió, cogió el coche y pilló un atasco. El tercer día estaba muy cansado. El quinto día cogió la bici. Hizo todo el camino de regreso andando. El sexto día no fue a trabajar. Dijo que tenía fiebre, pero eran agujetas. El séptimo día descansó. Era festivo. Sin embargo no se desanimó y seis meses después consiguió hacer su primera jornada laboral de ida y vuelta sobre dos ruedas. Ella, la primera vez que lo vio desde el autobús se estuvo riendo durante siete días: un tipo gordito, sudoroso, a punto de echar el hígado por la boca. Pantalón de pinza, zapatos de oficina. Incluso cuando sus miradas se cruzaron, ella no pudo dejar de reír. Los siguientes días ya no le hacía tanta gracia el pobre. Menos el día que apareció con las mallas, aquello sí que fue el despiporre. Sin embargo el ciclista cuarentón cada día se lo pasaba mejor. Bajó de peso, se puso moreno, se compró ropa más ajustada, dejó de fumar. Ya no se reían los del autobús. Ni siquiera aquella mujer tan guapa a la par que idiota y que leía libros forrados. Ir a trabajar en bici, se convirtió en uno de los mejores momentos del día. Una tarde, después de saltar un bordillo para entrar en el carril-bici, no pudo evitar entonar una canción de felicidad antes de forzar la marcha. Fue entonces cuando sus miradas se volvieron a cruzar. Ella en su autobús, él en su carril-bici. Ella le miró sorprendida, con una sonrisa y un poco de envidia. Él forzó el pedaleo para no perderla. Ella le siguió con la mirada. --!Uff!-- Así estuvieron jugando al yo te miro y tú pedaleas durante las siguientes semanas. Llegaron a crear sin quererlo un sistema de comunicación con miradas y gestos. Un cortejo en toda regla: ¡Qué calor que hace!, decía ella dándose aire con la mano. Mira como subo los bordillos,dijo él machito. Mira que traviesa soy que leo libros erótico-festivos, dijo ella mostrando la portada sin forrar. Te queda muy bien ese peinado, decía él con su dedo pulgar señalando al cielo Así que después de cientos de quilómetros, dos resfriados, la trilogía de las sombras de Grey , veinte T10, una 50/30, un esguince, dos pinchazos, una bici nueva, tres peinados y un baño de color, él se enamoró de ella hasta las ruedas. Por fin un día cogió fuerzas, se puso una camisa ligeramente ajustada, compró una rosa, un billete sencillo, se subió al autobús... Y ella no estaba. Nuestro ciclista enamorado suspiró. Tomó asiento en el bus y se puso a mirar por el cristal del bus con cara de idiota. ¡Y allí estaba ella! En una bicicleta de paseo roja como un tomate y avanzando como una lombriz. Felíz. Sus miradas se cruzaron. Él sonrió, ella casi vomita del esfuerzo. Y el resto ya es historia: Que si pare el autobús señor conductor. Que si no puede ser. Que si me tiro por la ventana... Que si está usted como una chota. Que si estoy enamorado...Que si finalmente bajó del bus y corrió por el carril bici. Que si vas a estar mirándome todo el día o me vas a besar de una vez...Que sí mejor no me dejes de abrazar que me ha dado una rampa…Que mejor volvemos en autobús.

Gorka López
Responsable estació i conducció Telefèric

Pots llegir l’article de l’entrega de premis a Hora Punta, “El Concurs de Relats reparteix premis”.

Llegint el relat ahir a l'entrega de premis / Pep Herrero
Llegint el relat ahir a l'entrega de premis / Pep Herrero

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